El Gobierno de El Salvador anunció una nueva estrategia para posicionar al turismo religioso como uno de los pilares del desarrollo económico del país.
La iniciativa se presentó durante la inauguración del Congreso de Turismo Religioso, evento que se desarrolló del 8 al 10 de julio y que reunió a autoridades, expertos y representantes de diversas naciones.
En su discurso, la funcionaria destacó que el patrimonio histórico, las tradiciones milenarias y la cálida hospitalidad de los salvadoreños conforman una combinación única que pocos destinos pueden ofrecer.
Según sus palabras, el país cuenta con un patrimonio religioso extraordinario, una capacidad organizativa sólida y una visión clara de cómo el turismo puede impulsar la economía, la cultura y la identidad nacional.
El encuentro también sirvió para resaltar cifras recientes: el turismo de peregrinación genera alrededor de 18.000 millones de dólares anuales y atrae a más de 400.000 visitantes, según datos de especialistas del sector.
Además, se informó que el flujo de turistas internacionales creció un 103 % respecto a 2019, con 2,5 millones de llegadas entre enero y junio del año en curso, provenientes principalmente de Guatemala, Estados Unidos y Honduras.
El congreso permitirá la elaboración del primer manifiesto que orientará futuros proyectos de cooperación, fomentará el diálogo entre actores locales e internacionales y consolidará la posición de El Salvador como referente regional del turismo espiritual.
Participantes de Europa, América Latina, Israel y otras regiones asistieron al congreso, compartiendo experiencias y mejores prácticas que enriquecerán la agenda de trabajo y fomentarán alianzas estratégicas para el desarrollo del sector.
El gobierno asegura que, con esta estrategia, se generarán oportunidades de empleo, se impulsará la economía local y se reforzará el sentido de pertenencia de las comunidades, consolidando así un modelo de turismo sostenible y respetuoso con la cultura.
Se espera que, a mediano plazo, el turismo religioso contribuya de manera significativa al PIB, diversifique la oferta turística del país y posicione a El Salvador como destino predilecto para viajeros en busca de experiencias espirituales auténticas.


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