Las zonas francas de El Salvador han consolidado su posición como un motor económico clave, contribuyendo con un 10.6% al Producto Interno Bruto (PIB) del país. Este régimen productivo no solo impulsa el crecimiento económico, sino que también genera empleo directo para más de 54,270 personas, posicionando al país como el segundo de América Latina en términos de impacto de este modelo. La industria textil, en particular, se destaca como uno de los sectores más representativos en estas áreas, impulsando una parte significativa de las exportaciones nacionales.
Según datos del Banco Central de Reserva (BCR), el Índice de Producción Industrial (IPI) registró un crecimiento anual del 4.5% en los primeros meses del año, lo que refleja un buen desempeño de la manufactura. Este sector, que concentra la mayoría de las operaciones en las zonas francas, se encuentra en una fase de expansión, con productos como suéteres, prendas textiles, envases plásticos y cables eléctricos liderando las ventas. La combinación de incentivos fiscales y la atracción de inversión extranjera ha permitido que estas zonas se transformen de simples espacios de ahorro fiscal a centros estratégicos de producción y empleo.
Un estudio realizado por EY resalta que las zonas francas han evolucionado de ser mecanismos de incentivo fiscal a convertirse en herramientas clave para la resiliencia económica. Según el informe, estas áreas no solo concentran producción y empleo, sino que también facilitan la integración en cadenas de valor globales, un fenómeno conocido como nearshoring. Este enfoque ha permitido que El Salvador fortalezca sus vínculos comerciales con otros países, mejorando la eficiencia y la competitividad de su industria manufacturera.
La Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI) ha destacado que el fortalecimiento de la producción industrial es fundamental para impulsar el crecimiento económico en 2024. Dado que este sector representa un porcentaje elevado del PIB y genera empleo formal, su desarrollo se considera una base sólida para el avance del país. Además, el BCR reportó que el PIB alcanzó los $9,261.8 millones en el primer trimestre, un aumento de $604.7 millones respecto al mismo periodo del año anterior, lo que subraya el impacto positivo de la manufactura y otros sectores como la construcción y el turismo.
Aunque las zonas francas han demostrado su importancia económica, también han sido objeto de análisis en relación con la inflación. Productos como fertilizantes, gasolina y alimentos han contribuido significativamente al aumento de precios, con más de 54,000 empleos directos generados en este régimen. A nivel regional, las zonas francas son responsables de más de 3.2 millones de empleos, incluyendo indirectos, lo que resalta su relevancia no solo para el país, sino para toda la región.
Antonio Ruiz, socio líder de EY Tax & Law para Centroamérica, Panamá y República Dominicana, resalta que las zonas francas están transformando la geografía económica de la región. Al conectar países mediante cadenas de valor más profundas y resilientes, estas áreas no solo generan empleo, sino que también fomentan la innovación y la competitividad en la manufactura. Este modelo, respaldado por el nearshoring, se posiciona como una estrategia clave para el desarrollo sostenible de El Salvador y sus vecinos.


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