El director regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa, Hans Kluge, advirtió este martes que el continente sigue siendo vulnerable ante las olas de calor extremas. Según datos recientes, más de la mitad de los países de la región no disponen de un plan de acción específico para proteger la salud cuando las temperaturas alcanzan niveles peligrosos.
Un plan de este tipo debe incluir sistemas de alerta temprana meteorológica, campañas de información dirigidas a los grupos más vulnerables y una coordinación estrecha entre las autoridades sanitarias, laborales, sociales, de vivienda y de planificación urbana. Solo así es posible anticiparse a los riesgos y reducir el número de víctimas.
«Los países con planes que funcionan saben de antemano quién es responsable de qué, qué grupos de población corren más riesgo y a partir de qué umbral de temperatura se activa cada nivel de respuesta», explicó Kluge. Tener esa claridad antes de que llegue una ola de calor marca la diferencia entre una respuesta planificada, que salva vidas, y una reacción meramente espontánea.
Actualmente, los equipos trabajan en dos frentes: corregir las deficiencias detectadas durante la última ola de calor y construir sistemas sanitarios capaces de afrontar el calor extremo sin limitarse a reaccionar ante él.
Los datos preliminares de Europa occidental apuntan a más de 4.000 muertes adicionales tras el reciente episodio de altas temperaturas, lo que puso en evidencia la fragilidad de los servicios de salud. Para evitar que esta cifra aumente, Kluge convocó una reunión de emergencia con representantes de 41 países europeos, de la Comisión Europea y de organizaciones de la sociedad civil para analizar las lecciones aprendidas.
Durante el encuentro, se destacaron iniciativas que pueden servir de modelo. Italia cuenta con un sistema de vigilancia de la mortalidad que permite detectar rápidamente aumentos en las muertes relacionadas con el calor. España ha desarrollado una estrategia de comunicación con los medios que mejora la difusión de alertas. Por su parte, Austria actualizó su plan de calor para incluir medidas más integradas y coordinadas.
«Estos ejemplos son importantes porque se pueden reproducir», afirmó Kluge. «Las herramientas existen; cuando los planes están definidos y se han puesto a prueba antes de una crisis, salvan vidas».
El llamado de la OMS va más allá de la preparación inmediata: insta a los gobiernos a invertir en infraestructura resiliente, a mejorar la atención sanitaria en situaciones de calor extremo y a integrar la adaptación climática en todas las políticas públicas. Solo con una acción decidida y coordinada se podrá proteger a la población europea de los crecientes riesgos asociados al cambio climático.
La comunidad internacional y los ciudadanos deben mantenerse vigilantes y exigir a sus líderes que adopten medidas concretas antes de que la próxima ola de calor ponga a prueba nuevamente los sistemas de salud del continente.


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