«Si quieres la paz, prepárate para la guerra». Esta filosofía ha marcado la historia de Suiza, un país cuya geografía alpina alberga una extensa y compleja red de túneles y búnkeres diseñados para proteger a su población en caso de conflicto nuclear.
Con una población de 8.8 millones de habitantes, Suiza cuenta con más de 370,000 refugios nucleares, superando en plazas disponibles a su número de habitantes. Esto es posible gracias a una ley promulgada en 1963 que obliga a que cada ciudadano, incluidos extranjeros y refugiados, tenga garantizada una litera en un búnker cercano.
Los refugios deben ofrecer al menos un metro cuadrado por persona y estar ubicados a una distancia máxima de 30 minutos caminando, o 60 minutos en áreas montañosas. Esta cercanía se logra no solo por el tamaño del país, sino también por la obligación legal para que edificios de apartamentos incluyan búnkeres.
Según la Oficina Federal de Protección Civil, la mayoría de la población vive en edificios con búnkeres integrados. En casos contrarios, existen instalaciones públicas disponibles. Estos refugios están diseñados para resistir ataques con armas modernas, incluyendo protección contra amenazas nucleares, biológicas y químicas, y pueden soportar presiones equivalentes al derrumbe de un edificio.
Equipados con sistemas de filtración avanzados, estos búnkeres pueden proporcionar alojamiento de emergencia tras desastres naturales, como terremotos, y proteger el aire interior de contaminantes y agentes nocivos.
Aunque la red fue construida principalmente durante la Segunda Guerra Mundial y se expandió en la Guerra Fría, muchos refugios hoy están en desuso, utilizados como bodegas, trasteros o incluso museos y restaurantes. Sin embargo, deben pasar inspecciones decenales para asegurar su funcionalidad y certificación.
El subdirector de la Oficina Federal de Protección Civil, Daniel Jordi, explicó que los ciudadanos tienen asignado un búnker asociado a su dirección, aunque no se recomienda divulgar esta información constantemente para evitar confusiones, especialmente cuando las familias cambian de residencia.
Pese a su robustez, algunos expertos dudan que los búnkeres construidos hace varias décadas puedan proteger eficazmente contra la evolución actual de las armas de guerra. Por ello, el gobierno suizo ha anunciado una inversión de 250 millones de dólares para modernizar la red y asegurar que estos refugios estén operativos y listos en caso de emergencia.
El interés por los búnkeres ha aumentado considerablemente desde el inicio del conflicto en Ucrania, con un alza en consultas y solicitudes de mantenimiento tanto de ciudadanos como de cantones, responsables de garantizar el acceso y la preparación de estos espacios.
Históricamente, Suiza se ha caracterizado por su neutralidad y su tradición de acogida, incluyendo a miles de judíos que escaparon del nazismo. Sin embargo, su reciente decisión de adoptar sanciones contra Rusia marcó un cambio importante en esta postura.
El profesor Juan Moscoso del Prado, analista en temas de seguridad, señala que Suiza se encuentra en un punto crítico, atrapada entre conflictos internacionales y desafíos de seguridad. La guerra en Ucrania ha puesto fin al «dividendo de la paz» que permitió el abandono o deterioro de sus refugios durante décadas.
En respuesta, Suiza ha retomado su antigua estrategia de defensa civil para garantizar la protección de su población, mientras otras naciones europeas también incrementan su gasto militar ante la creciente inestabilidad regional.


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